Blog de Nityananda

El segundo propósito · nuestra evolución

En realidad, el segundo propósito de la vida del ser humano es aceptar la aventura de SER, en todas sus dimensiones, en todas sus consecuencias. Recordad, una crisis es la aventura que ser rechaza, una aventura es la crisis que se acepta.
Así como todos tenemos la responsabilidad de estar bien (leed el primer propósito), de la misma manera todos tenemos la responsabilidad de cambiar pránicamente el mundo, y de hacerlo evolucionar. Y para ello necesitamos estar bien y evolucionar y crecer nosotros mismos a través de la fuerza del amor (segundo propósito).
Cada una de nuestras células sabe a que hemos venido -a transformarnos- aunque a veces los modelos sociales, intelectuales o nuestros sistemas de creencias, dogmas o miedos nos confunden. Todos hemos venido con la intención de evolucionar, es el motivo último por el que hemos escogido nacer, o si me lo permitís, por el que nuestro Ser ha escogido re-nacer.
En este proceso de transformación, algunos seres humanos desarrollan tímidamente algunos arcanos, pero como no hemos desarrollado bien el lenguaje sutil, entendemos cosas diferentes, significados diferentes: no hemos alcanzado la fuerza del amor. Estamos poco desarrollados. De alguna manera, nuestro sistema límbico está frustrado por ello, produciendo muchas obsesiones.

Porque la vida es mucho más que sobrevivir (impulso supervivencial), la vida es mucho más que hacer lo que nos da la gana (impulso hedonista). La vida es hacer lo que NOS debemos (Consciencia). Lo reescribo, que no es un error: LA VIDA ES HACER LO QUE NOS DEBEMOS A NOSOTROS MISMOS.
Y por eso viajamos este viaje misterioso, mistérico, y místico. Misterioso, cuando redescubrimos nuestro físico y desvelamos desde la consciencia las geometrías que lo gobiernan: Mistérico, cuando desvelando y limpiando nuestras memorias avanzamos hacia la fuerza del amor; Y místico, cuando nos reconocemos en nuestro Ser Uno.
Sí, tenemos la responsabilidad de evolucionar. Nos lo debemos. Es nuestro Dharma. Igual que vencemos la gravedad entendiendo los principios de sustentación basados en la aerodinámica de las alas de un avión y las distintas fuerzas verticales y horizontales que lo permiten; o al igual que controlamos el electromagnetismo que nos permite desde encender una simple bombilla a la creación de circuitería compleja de sistemas de inteligencia artificial … IGUALMENTE avanzamos hacia la percepción del amor.

Y el conocimiento e integración de la fuerza del amor es esencial en la aceleración de nuestro sentido del ritmo, y por lo tanto de nuestra capacidad. Por eso, como ya escribía en verano, entretenerse (tenerse entre tiempos de inconsciencia) es uno de los pecados más profundos del mundo. Matar el tiempo. Necesitamos la aceleración de nuestro sentido del ritmo a través del amor, y ¡hay prisa!
¿Y cómo hacemos esto?
Lo hacemos PONIÉNDONOS A LA DISPOSICIÓN DE NUESTRO SER ESENCIAL. Con disciplina -es decir, SIENDO DISCIPULOS DE NOSOTROS MISMOS, DE NUESTRO SER. Guiándonos por la necesidad real y el desapego (de esto seguiremos hablando algún día). Buscando la apertura al camino real, desde las luces de Ajna al vórtice de Sahasrara, el camino de la aceleración de la consciencia. Dejando atrás doctrinas que pastorean nuestros miedos. Activando nuestros centros de energía en un doble triangulo mistérico (lo que veremos el domingo). Transformándonos desde nuestra Intención o Propósito, desde nuestra Presencia plena, desde nuestra Consciencia, en una trinidad que configura cualquier ritual de transformación desde los albores de la humanidad.
Todo esto, Sadhakas, lo logramos trabajando, es decir, quitando trabas. Todo esto lo logramos en el camino del Yoga: Viviendo impulsados por Yamas y Niyamas; creando geometrías energéticas con Asanas y Pranayamas; Desapegándonos en Pratyahara; concentrando toda esa energía en nuestra plena Presencia Consciente (Dhyana), llevando nuestro estado a un estado de meditación (Dhyana), que nos lleva al equilibrio (Samhadi) desde el que avanzamos en ese viaje de vida.
Buenas noches, Y BUEN VIAJE, Sadhakas

Reflexiones del maestro