Blog de Nityananda

El camino del yoga I

No hay atajos en el camino del Yoga. Ya es un extraordinario atajo el hecho de que, en estos tiempos de transición a una nueva era, la humanidad haya evolucionado de tal forma que el umbral de entrada a los caminos del viento se haya abierto para todo ser humano dispuesto a transformarse y evolucionar en su viaje hacia el ser, cuando, desde el principio de los tiempos y hasta hace solo unas décadas, sólo unos pocos elegidos tenían la posibilidad de entrar de la mano de un maestro en el templo de las 7 ruedas, y menos aún la de desarrollar la potencialidad de ser luz para otros.
Pero que los cancerberos del templo se hayan retirado de sus puertas de tierra no significa en modo alguno que el camino ya esté hecho. Si bien recorrer este camino de evolución no reclama dolor o sacrificio -en su sentido judeocristiano-, sí reclama un esfuerzo de consciencia que se expande fractalmente a medida que avanzamos, y que se siembra y se nutre en el propio primer paso del camino del Yoga, en el primero de sus 8 pilares: Nuestro Yama para trabajar en Yoga, la intención genuina que surge desde nuestra consciencia para trabajar en el camino del Yoga.
Porque Yoga no es sólo ejercicio físico, aunque equilibra y fortalece todo nuestro cuerpo y nuestros órganos; no es sólo para curar algo, aunque sana más que mucha química sintética que trabaja de forma aislada sobre el síntoma; no es una religión, porque se aleja de dogmas y doctrinas, y sin embargo nos hace crecer con nuestra propia luz en el plano energético o espiritual centrando esta evolución en Sat Guru Dev, nuestro sabio, verdadero, maestro interior.
El Yoga es un camino de búsqueda, de consciencia, de redención, de revelación y desvelamiento de memorias. Es un camino en la aventura para la que hemos nacido y nuestra máxima responsabilidad: evolucionar como seres humanos, y ser motores de la evolución de toda la humanidad. Como ya os contaba en el pequeño documento de introducción, Yoga, en su origen sánscrito significa unión; pero va más allá del concepto popular y banal de unión de mente y cuerpo. En realidad, se trata de un viaje en búsqueda de una consciencia y equilibrio superior – unión- entre la trinidad de los planos de vida del ser humano, y dentro de cada uno de ellos: El plano de tierra (físico, fenomenológico), el plano de aire (emocional, astral), y el plano de espacio (mental, energético, espiritual).
¡Lo he expresado así tantas veces!: El yoga es un viaje de consciencia y transformación, un viaje desde nuestro “estado” hacia nuestro “Ser”. Y este bello viaje, circular como todo lo relacionado con la energía de vida, no será fácil si no tallamos en diamante nuestro propósito de evolución desde la limpieza de nuestras intenciones y nuestros sentidos (Yamas) -que al principio nos cuestan tanto esfuerzo, con sólidos principios para volver al Principio y desvelar una vida más plena y brillante (Niyamas). Sólo desde estas bases Yámicas y Niyámicas las geometrías del cuerpo (Asanas) y del oxígeno (Pranayama) nos posibilitarán comenzar a tomar consciencia intrínseca -no sólo cognitiva- de nuestros apegos, y desapegarnos de nuestras anclas (Pratyahara). El Desapego libera profundas fuentes de energía sutil que nos permiten entrar en el reino de la presencia consciente (Dharana), donde vemos la realidad tal como es, en su totalidad. Dharana nos abre entonces la puerta del estado permanente de meditación, y esta conexión radical (de raíz) con nuestro ser nos hace entrar en Samadhi, el estado perfecto de equilibrio y claridad. Y Samadhi… no es en sí llegar a ninguna parte, sino acceder en un nuevo plano al objetivo del yoga que es seguir evolucionando desde un nuevo Yama más purificado. Este es el ciclo fascinante de la evolución de la consciencia y del ser.
Por eso no hay que ponerle nombres al Yoga como nos gusta hacer a los humanos en esta y en tantas otras cosas. Cada nombre que le ponemos por oposición a otro es una limitación dual de una ciencia que es holística, integral, o no es en absoluto. Cada nombre que ponemos es o bien para fragmentar y separar de lo otro – quebrando por lo tanto el sutil ecosistema energético del yoga integral-, o bien una acción inflamada por el ego irresistible de una corriente, un nombre propio, o una novedad sin sustancia.

Reflexiones del maestro