Blog de Nityananda

Comida consciente II

CÓMO comemos es tanto o más importante que QUÉ comemos. Cualquier alimento, preparado y tomado con consciencia y respeto a su vida y a nuestro cuerpo, tiene un impacto energético incomparable con alimentos supuestamente “sanos” pero preparados sin amor, sin consciencia, o deglutidos sin respeto a su vida ni a nuestro cuerpo.
El ser inconsciente que, por ejemplo, se prepara batidos que nos evitan masticar -y por lo tanto eliminando un paso fundamental del proceso digestivo y de la consciencia de lo ingerido-; o que come a la vez que hace multitud de otras cosas como ver la televisión o las malas noticias, trabajar, revisar emails y WhatsApps, o que come en estados alterados -tensión, ira, miedo- o que simplemente no está presente en el proceso de transferencia de vida, está incidiendo negativamente en el impacto evolutivo de la alimentación y de la geometría del proceso de transformación de la trinidad molecular energética del ser humano (ácidos grasos, glucosa y aminoácidos), moléculas llenas de una energía que sólo puede ser consumida por la célula despertada desde la consciencia del aire, para poder simplificar las cadenas del ingrediente carbónico de la vida, oxidando la glucosa y generando el nucleótido de tres cuernos que es la base de la respiración celular en la mitocondria, y uno de los 3 pilares de la magia del Pranayama trinitario.
En el camino de yoga, antes de hacernos vegetarianos o veganos desde una energía que no es nuestra, o siguiendo las doctrinas o los dogmas de algún Guru sin luz, debemos empezar a trabajar simple, gentil, pero firmemente en la comida consciente.
Porque desde la consciencia, desde la conexión mistérica con nuestro cuerpo, lo demás vendrá dado sin esfuerzo; vuestros cuerpos alzarán su voz firme y serena, conoceréis lo que hay que hacer, y tendréis toda la energía y recursos para hacerlo, como siempre ocurre en estado de consciencia, exactamente como cuando lo que preferimos es beber agua y no otra cosa en el desierto.
Preparad comidas naturales, sencillas, y sobre todo con amor. Tomad los alimentos con el respeto y agradecimiento que debemos al ser vivo que nos da vida. Sentaos a la mesa como un sacramento, un sagrado-momento de transferencia de vida, que es lo que realmente es comer. Respirad, respirad profundamente antes de empezar y conectad con vuestro ser. Y entonces, celebrad el rito de la vida compartida.
Todos podemos. Otra cosa es que nuestro dragón sea más bien que no queramos desapegarnos de lo que nos ancla en la oscuridad de la supervivencia y de los sentidos rudimentarios, y eche fuego a estas posibilidades llenos de miedo por atisbar que, de hecho, podemos darnos permiso para hacernos más ligeros, y volar.

Reflexiones del maestro