Blog de Nityananda

El tercer propósito

Amelia decía en el chat durante un SatSang: “Querido José, cada respuesta provoca más preguntas”. Y eso va a ocurrir en cierto modo con este cierre de la trilogía sobre nuestro propósito como seres humanos. Como escribía ayer, todos tenemos la responsabilidad de cambiar pránicamente el mundo, y de hacerlo evolucionar. Y para ello necesitamos estar bien -que es nuestro primer propósito- y evolucionar y crecer nosotros mismos a través de la fuerza del amor -nuestro segundo propósito.
Cambiar pránicamente el mundo, hacerlo evolucionar, es nuestro destino trascendente, y el motivo último por el que nuestro Ser ha escogido nacer o renacer. En un Satsang de hace días, respondiendo a una pregunta de Sigrid, expliqué cómo desde nuestro trabajo pránico, desde nuestro trabajo de yoga diario, no sólo estamos acelerando nuestra evolución: estamos, también, ayudando a evolucionar a toda la humanidad, acelerando la evolución del universo.
Porque desde la consciencia, incidimos en la materia. La física cuántica lo empieza a vislumbrar cuando, en el experimento de la doble rendija, no sólo se constata que la luz es indistintamente una onda y también una partícula… sino que su manifestación en una u otra forma depende ni más ni menos que del observador…
Pero con nuestro trabajo también incidimos en el plano sutil y en el energético. Esto es una realidad que la física constata, pero no siempre puede explicar: Todo influye en todo. Todo, en todo. Es un pensamiento, un concepto inconmensurable, pero es exactamente así (y, una vez más, la física cuántica empieza a desvelarlo). Muchos lo habéis vivido, en la esfera observable de vuestra acción, muchas veces. No podemos cambiar al otro… excepto si el cambio empieza en nosotros. Una persona en un estado entrópico (en queja, en ira, en soberbia, en juicio, en negatividad) impacta y contamina todo lo que le rodea. La inversa es asimismo cierta, un ser en estado evolutivo transforma lo que le rodea.
Cada uno de nosotros tiene entonces no sólo un impacto físico, sino también astral… y en cuanto entramos en este plano sutil, el tiempo y el espacio son irrelevantes. Cada esfuerzo, cada impulso de amor llega a los confines del universo, desvela memorias del pasado y altera memorias de futuro.
Por eso, el cambio de este modelo social en el que estamos transitando, el paso a la era de Acuario; el avance hacia una era que empieza a trascender lo supervivencial, una era de transparencia… es responsabilidad común e individual, de cada uno de nosotros. Cambiamos sutilmente nuestro entorno cada día que conectamos con nuestro ser y evolucionamos -muchos lo habéis percibido ya en vuestros seres cercanos, hermanos, amigos, hijos… y, aunque no lo veáis todavía, impacta igual en toda la memoria colectiva de la humanidad.
Sí, todos tenemos la posibilidad y por tanto la responsabilidad de cambiar pránicamente el mundo. Y para ello, avanzamos, en cada uno de los planos de la vida; evolucionamos desde la ciencia en el plano fenoménico; desde la poética -la manifestación de la fuerza del amor- en el plano sutil, y desde la mística en el plano pránico.
Aceleramos nuestros ritmos de consciencia, y caminamos hacia la unidad.

Buenas noches, queridos Sadhakas

Reflexiones del maestro