Blog de Nityananda

Avidya

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La primera Klesha, Avidya, se puede traducir por ofuscación, ceguera, miopía. No ver con los ojos del observador genuino, de nuestra consciencia.
Avidya consiste sobre todo en proyectar, en creer que la pura consciencia (púrusa) y la mente (citta) son lo mismo. Son dos cosas distintas, pero en este tránsito de vida, con poca evolución de consciencia, los experimentamos simultáneamente, como una misma cosa, es decir, como un “yo”. Nos creemos que este “yo” es el propietario de la propia experiencia. Y cuando algo afecta o perjudica a ese yo que nos creemos ser, en lugar de modificar nuestra experiencia desde nuestra energía, proyectamos, nos sentimos “perjudicados”, y aquello que nos afecta se convierte en “el perjudicador”. Al estar envueltos en esas identidades, tanto al perjudicado como al perjudicador les cuesta liberarse de la dolorosa experiencia, y nos apegamos a esta relación entrópica.

Otra manifestación de Avidya es, por ejemplo, el obstáculo que se crea cuando el ser humano cree o proyecta que cosas temporales, no genuinas, dolorosas o irreales (en el sentido de que no existen realmente, que no tienen el impulso de la vida) son permanentes, genuinas, agradables y reales (con vida, con alma); cuando el ser humano proyecta lo que quiere ver, sin ver en realidad las cosas como son; y esta proyección produce aflicción, y dolor. Desde la consciencia, y el desapego, vemos las cosas como son: Todo es uno y viene de uno. Y, al mismo tiempo, cada uno de esos elementos en una manifestación diferente: Separada, completa, independiente.
Todo ser humano “sabe” que su cuerpo es mortal (es más apropiado decir que es temporal) y, sin embargo, en el día a día vivimos como si la muerte sólo les pasase a otros, y nos apegamos a nuestro cuerpo, y al de los demás. Hacemos mucho más caso a lo físico que a lo sutil y, sin embargo, es lo sutil lo que permanece. No tenemos un buen balance entre nuestros 3 planos de vida, el plano de tierra -el fenoménico-, el sutil -astral, o de aire-, y el pránico. Y desde la inconsciencia ni siquiera trabajamos en la belleza del balance dentro de cada uno de estos 3 planos: ni siquiera en el físico, al que estamos apegados con ofuscación. Es Avidya proyectar que las manifestaciones físicas del Ser – nuestro cuerpo, la tierra, los planetas, el universo- son eternas, porque en realidad todo esto es temporal, y a todo le esperan otros ciclos.
¿Cómo cambiaría nuestra vida si fuésemos a desaparecer mañana, o en un mes?
¿Por qué eso es diferente de si desaparecemos en 10, 20 o 50 años?
Porque no lo vemos, hasta que llega.
El sufrimiento tiene una causa fundamental: la ofuscación, la ceguera sobre nuestra propia naturaleza.
Buenas noches, Sadhakas

Reflexiones del maestro