Blog de Nityananda

El camino del yoga II

Continuando con la reflexión anterior sobre el camino del yoga...
Tras toda esta aparente complejidad subyace una verdad simple y arrolladora: Y es que uno de los objetivos primordiales del Yoga es, simplemente, VIVIR PLENAMENTE LA VIDA QUE SE ABRE ANTE NOSOTROS Y EN NOSOTROS. Disfrutar. Vivir nuestra vida en consciencia, en BIEN-ESTAR, porque sólo desde el bien-estar llegamos al Ser; solo desde el bien-estar, desde un buen-estado de paz podemos amar, desvelar nuestras memorias, abrir y acercar nuestro estado a nuestro Ser… Y, desde ahí, todo lo demás llega por añadidura - y sólo desde la pureza y la limpieza de nuestra intención.
Por eso no debemos dejarnos guiar por el oscuro creador, hechicero y guardián de nuestros apegos y de las 7 anclas, que es lo que es nuestro Ego - no tiene mejor definición. Porque cuando es el ego el que nos guía, aspiramos a más en el camino del yoga sin siquiera haber agradecido, ni llevado a nuestras vidas, ni tomado consciencia de lo alcanzado. Avanzamos ciegamente hacia un objetivo ególatra disociado del objetivo que en apariencia pretendemos.
Así, de la misma forma que si hacemos ejercicio con una intención ególatra (que se vea nuestro cuerpo musculoso, o ganar en una competición, o competir contra uno mismo) este tiene un impacto energético radicalmente diferente que si se hace iluminado por un Yama de salud; o si se hace un acto de “caridad” (¡vaya palabra!) más por ser visto o para acallar conciencias (Ego, de nuevo) que por un Yama de generosidad y entrega genuina… Pues así, de la misma forma, si hacemos yoga para alimentar cualesquiera de las demandas de ese hechicero y guardián de nuestros apegos – para alimentar nuestro orgullo o vanidad- nos estaremos saliendo en ese mismo instante del camino del Yoga. Intentar mostrarse más santo que los otros, más espiritual que los otros, o el hacer posturas mejor que otros, o el querer hacerlas perfectas para impresionar sin saber siquiera que la importancia de cada postura es su consciencia, o comer más sana y sacrificadamente que otros, o el desear desarrollar ciertas capacidades inhabituales jamás ha hecho avanzar a ningún ser humano en este viaje mistérico, porque nuestro Yama pierde su pureza y su brillo, nos extraviamos y nos salimos en ese mismo momento del camino del Yoga, y entonces ya nada ocurre ni se transforma.
Esto explica por qué tantos buscadores mal guiados no avanzan o se rinden en este precioso camino. El saber por saber (pero sin siquiera convertir y hacer parte real de nuestra vida, cada vez, cada día, lo aprendido); o la falta de entendimiento de que éste es un viaje circular y cíclico, tratando de buscar atajos y saltarse ciclos (justo lo contrario a Santosha) pretendiendo, por ejemplo, meditar sin haber trabajado antes en nuestros Yamas, Niyamas, Asanas, Pranayama, Pratyahara, Dharana… son trabas pertinaces plantadas por el hechicero de nuestros apegos.
Y es que existen subciclos ternarios que interconectan territorios de luz en este camino de ocho reinos: nuestras ASANAS serán solo gimnasia si nuestros YAMAS no brillan; nuestro PRANAYAMA será solo una mera transferencia de moléculas de oxígeno si no tenemos nuestros tres cuerpos preparados para evolucionar enraizados en los principios o NIYAMAS, que nos abren la posibilidad de la combustión celular trinitaria de las geometrías de oxigeno, de la glucosa y del Prana; Nos resultará extraordinariamente difícil lograr desapegarnos de los velos de Maya – PRATYAHARA- sin tener antes la disciplina de ser discípulos de nosotros mismos (Taphas) y trabajar en nuestras ASANAS todos los días. Logramos la plena consciencia presente (DHARANA) desde la trasformación de consciencia que produce el PRANAYAMA. Y, como he contado muchas veces, sólo entonces estamos listos para vivir en un estado de meditación permanente, DHYANA, porque sólo el desapego, PRATYAHARA, es capaz de silenciar nuestra mente. ¿No es bellísimo?
El Yoga es un trabajo, trabajo es quitar trabas que velan una luz que ya, desde siempre, tenéis dentro de vosotros.

Reflexiones del maestro