Blog de Nityananda

Miedo a la muerte II

Vida… En cada respiración se carga la geometría del pranayama bebiendo de ese rio pránico que es el reservorio que se guarda cuando el ser humano vive su segundo nacimiento, el nacimiento de aire, en el que despliega sus pulmones, abre sus tablas de la ley, y conecta directamente con su propia energía astral. Este reservorio configura su geometría astral durante toda su vida, y lo expulsa en su ultima respiración, cerrando un pranayama completo de todo un ciclo de vida.
Si toda esta fascinante manifestación de la energía de la vida que ha configurado a un ser humano sólo ha servido para sobrevivir, es normal que se tenga miedo: no hemos evolucionado. El fracaso en la vida es en realidad que uno no llegue a acercar, aunque sea un poco, su estado a su Ser, a que se quede como está, a que no pase nada. Fracasamos desde el momento que no asumimos que nos hemos inventado un personaje y que no queremos dejar de serlo.
La muerte ES vida, es parte de la vida, es una transformación. No hay evolución posible sin la trinidad de las fuerzas del plano de aire: la fuerza del Amor, que a su vez orquesta las dos fuerzas que sin él serían caos, la fuerza de generación (creadora) y la fuerza de transformación (destructora), Eros y Tánatos, configurando una trinidad que se vislumbra en todas las místicas desde tiempos ancestrales.
Desde las más pequeñas partículas, hasta los sistemas interestelares más inmensos, todo, todo está en permanente transformación: en vida y en muerte, simultánea y sucesivamente. Lo que sentís como algo estable -por ejemplo, vuestro cuerpo, o vuestra identidad- está en vida y en muerte, constantemente. Por ejemplo… al menos 500.000 células en vuestro cuerpo murieron y fueron reemplazadas por otras nuevas mientras leíais esta última frase. Estrellas y galaxias nacen y otras desaparecen. La persona que reencontráis después de no verla unos años ha muerto y resucitado varias veces. Los núcleos de los átomos dejan de ser (mueren) para ser un núcleo mayor (fusión nuclear) o se desintegran en colisión (mueren) descomponiéndose en dos núcleos inestables (fisión nuclear) y al hacerlo, liberan una energía extraordinaria: Vida. Vida, muerte, vida.
Como siempre, nuestro pequeño intelecto reduce la realidad a trocitos engañosos, egoístas (en el sentido de las Kléshas de los sabios Sutras: egoísmo entendido como la creencia de que somos lo que pensamos y lo que sentimos -la visión más limitante del ser humano) que nos llevan al apego y a la deformación de la realidad.

Parece que no va con nosotros que el universo esté naciendo y muriendo, que nuestro propio cuerpo esté naciendo y muriendo, que en el mundo de las partículas todo esté naciendo y muriendo constantemente… sólo le damos importancia, con nuestras gafas de cerca, cuando una transformación se produce en nuestra pequeña escala de consciencia dualista. Vivo. Muero.

Desde el propósito de evolución, nuestra muerte, y la muerte de otros, es un paso más hacia la evolución individual y universal. Es Vida. Y lo que marca el sentido de esta alquimia de la creación y la destrucción es el Amor.
Buenas noches, Sadhakas.

Reflexiones del maestro