Blog de Nityananda

Cómo hacer yoga

El momento en el que hacéis el trabajo de yoga es el momento de transformación más importante de cada día, al mismo nivel que ese instante luminoso en la fase de sueño profundo en el que conectáis también con vuestro ser. El trabajo de yoga es un momento sagrado, movilizamos la energía que nos ha hecho humanos desde la fusión del sacro, desde cuya caverna asciende una marea de la alquimia entre el sol y la luna, de energía kundalini.
Al igual que todo lo que hacemos en la vida, el cómo hacemos yoga -nuestro propósito, nuestra intención, nuestra presencia, nuestra preparación, nuestra actitud, las circunstancias en las que lo hacemos- es tan importante como lo que hacemos. Se pueden hacer las Sadhanas adecuadas, como las que os mostré en la reflexión anterior, y ser simplemente gimnasia sin impacto sutil o energético alguno.

Sin un propósito pentayámico, sin un cuerpo trinitario y pentaniyámico, el yoga se diluye.

Primero, hay que considerar que cada posición no es un ejercicio; el ejercicio es el conjunto de una serie de posiciones; de tal manera que se va creando una suma de reacciones energéticas que va integrándose de posición a posición, para lograr en los últimos momentos, o en los últimos minutos del ejercicio, una reacción que afecta en el biorritmo de la persona que está trabajando.
Los factores exógenos, igualmente importantes, parecen incontrolables desde un punto de vista absoluto, pero son controlables desde un punto de vista parcial; Idealmente, deberíamos hacer nuestro trabajo de yoga en un momento en el que en el mundo exista la menor energía entrópica posible (agresividad, ira, etc.), pero esto no lo podemos controlar; En cambio, sí podemos escoger hacer nuestro trabajo en un momento en que no exista una gran energía entrópica en nuestro entorno inmediato. De la misma forma, podemos escoger trabajar en un momento en el que no estemos cansados nosotros mismos. Es el trabajo más importante de nuestro día, no lo dejemos para lo último, o lo releguemos a “si tienemos tiempo”.
Así que, para acelerar nuestros ritmos y nuestro viaje al hacer el trabajo, tomamos plena consciencia de los factores que tienen que ver con nuestro propio funcionamiento y con la energía de nuestro entorno inmediato.

En el plano más sencillo, y práctico: Hay que hacer el trabajo con el estómago vacío -al menos dos horas después de haber ingerido comida -más, o menos, dependiendo de la cantidad ingerida, y de la facilidad de su digestión. De la misma forma, al terminar el trabajo hay que dejar al menos 15 o 20 minutos antes de beber o comer algo, y escoger actividades relajadas que permitan a nuestros 3 cuerpos continuar integrando el trabajo realizado. Y, muy importante, no ducharnos en los 20 minutos después de hacer el trabajo -el agua, un superconductor a tierra, afecta y diluye nuestro trabajo energético.
Hay personas que entienden que después de hacer su trabajo están sucios y, no, después del trabajo están mucho más limpios que antes de hacerlo.
También evitamos, por ejemplo, crear focos de acumulación de energía estando cerca de un sitio metálico que nos dificulte nuestro funcionamiento energético. A veces he observado en nuestro Ashram alguna persona trabajar con un collar puesto sobre la perpendicular de un centro chákrico, o con dos o tres anillos puestos. Evitamos tener cosas metálicas puestas, relojes, joyas, collares, y especialmente los anillos, que dificultan el retorno reflexológico - porque es uno de los puntos reflexológicos más importantes. Por eso se llevan los anillos puestos, porque inciden en los puntos reflexológicos de las manos, sobre todo en el dedo anular, en el sitio donde se pone el anillo. Por eso se sacralizó el hecho de poner el anillo precisamente en ese dedo. Las costumbres no son costumbres por casualidad. Los pendientes, igualmente, son acupuntura antropológica y popular, una tradición que se ha mantenido hasta nuestra época. Pero el tener una reacción de acupuntura constante mientras se trabaja puede incidir en la dinámica del trabajo mismo. Desde la consciencia… aceptamos que vamos a hacer un trabajo en el que no necesitamos anillo. Ahora los anillos no importan. Lo mejor es desembarazarse de todo aquello que no forma parte de nuestra integridad energética, que son cosas impostadas sobre nuestro cuerpo.
El trabajo que estamos haciendo es sacro: intentamos, por medio de un ritual energético - de una relación energética con nosotros mismos- transformar nuestro estado interior, y transformar de alguna manera el mundo pránico que nos rodea, es decir, transformarnos a nosotros, y transformar al mundo. Desde esa situación de oficiante, hay que buscar un atuendo, primero, que sea cómodo, para que no nos esté presionando por ninguna parte; y en segundo lugar, buscar desde ese acto sacro, un respeto a nosotros mismos: no trabajar con una ropa llena de suciedad, o aquella ropa que ya no nos vale para nada, o con ropa de fibra sintética que está incidiendo en nuestro funcionamiento, en nuestra dermis, en la piel, en los retornos energéticos dérmicos… Lo ideal es vestir de blanco, con una fibra natural: algodón, lino, o seda.
El entorno es igualmente importante. El silencio, que es una cosa que no es excesivamente frecuente en esta sociedad es un remanso para iniciarnos; Sin embargo, debemos aprender a hacer el trabajo de yoga en el medio del río de la vida. El sonido del vecino, el tráfico por la ventana, o los niños jugando, SON vida, y podemos ser capaces de hacer yoga en su río.
Finalmente, lo más importante, es vuestro estado, vuestra actitud, vuestra intención, la relevancia que le dais a este trabajo. Es absurdo venir de trabajar deprisa y corriendo, llegar a casa, meterse en un cuarto y empezar a hacer en estado beta un trabajo de este tipo; Este trabajo requiere metaconsciencia: consciencia de que estamos queriendo desarrollar una consciencia superior, de transformarnos y de transformar el mundo, de transformar la energía que nos rodea y de transformarnos a nosotros mismos.
Buenas noches, viajeros

Reflexiones del maestro