Blog de Nityananda

Ragah

18 MAYO 2020
Sukhaanusayiragah
Ragah es apego al placer o, con más precisión, es también el apego al objeto que en algún momento nos hizo experimentar placer. Esto se transforma y se proyecta en forma de deseo, de atracción, de la creencia de que las cosas externas son responsables de nuestro bienestar o felicidad.
Cuando tenemos una experiencia placentera, esta experiencia deja también una memoria. Como consecuencia de esta memoria, reclamamos volver a sentir esa experiencia placentera, lo que nos crea apego. Entonces proyectamos, buscamos el mismo objeto de placer (una persona, objetos, propiedades, relaciones) y nos apegamos a ellos. A partir de ese momento, dejamos de evolucionar con nuestra energía, y permitimos a elementos ajenos a nosotros que determinen, regulen y definan nuestro bienestar o felicidad.
El apego es el residuo - ¡no existe ya! - de una experiencia placentera, y nos hace desarrollar conductas fuera de nuestra consciencia. Por ejemplo, el chocolate os produce un placer endorfínico breve… pero que se guarda en forma de memoria. Os sentís atraídos entonces hacia el chocolate para repetir la experiencia… y entonces coméis chocolate, aunque no tengáis hambre. El apego al chocolate produce comer chocolate sin hambre… y eso es antinatural, entrópico, inconsciente, contraproducente. Así, lo mismo ocurre con todos los objetos o seres con los que nos apegamos: el apego nos hace desarrollar conductas insensatas, no conscientes, desviadas de nuestro propósito y en una relación pervertida con el objeto.
Nos apegamos al placer porque esperamos recibir felicidad de él -el efecto de nuestra memoria de él- olvidando que Ananda está siempre y solo en nuestro ser genuino. Cuando esperamos alegría o felicidad de cosas externas, nos apegamos a ellas. Es desolador observar cómo, a través de los siglos seguimos esperando felicidad de las mismas cosas (poder, dinero, personas, placer, sexo, etc.) cuando NO son éstas la que nos hacen felices. Millones de seres humanos han poseído todo ello, y no han sido necesariamente felices, ni siquiera más felices que quienes no las poseían. Es nuestra propia felicidad la que nos hace encontrar su verdadero valor. Ishtar hizo ayer una preciosa reflexión en este mismo sentido.
Seguro que recordáis el cuento de la abuela que pierde una aguja, especialmente, la segunda parte de este bello cuento, la que nadie cuenta nunca. Una abuela pierde una aguja y la busca en la calle, aunque la perdió dentro de su casa. Y, cuando los que se han parado a ayudarla se enteran y se meten con ella, con la sabiduría de maga les pregunta “Ahhh ¿por qué os metéis conmigo?… Vosotros, ¿dónde buscáis la felicidad, fuera o dentro? ¿Y dónde la habéis perdido?”
Ananda está ya en nosotros.
Buenas noches, Sadhakas.

Reflexiones del maestro