Blog de Nityananda

Diversion

En estos días de verano parece que tenemos la obligación de divertirnos, y, para divertirnos, parece que tenemos que hacer muchas cosas, y especialmente aquellas que se pueden fotografiar para que otros las vean en redes sociales.
Muchos habréis detectado ya las muchas trampas de consciencia que esconde esta frase. Reflexiono sobre cada una de ellas, por partes, para evolucionar este paradigma.
Como he comentado algunas veces en nuestro Ashram, el mero concepto etimológico (y por lo tanto el sustrato de intención en nuestras memorias) de “divertirse”, del latín “divertere”, “apartarse”, “desviarse de algo penoso o pesado”, implica una intención de apartarse de la realidad de consciencia de uno y “verterse en otro sitio”. Curiosamente, casi todas las expresiones sinónimas de divertirse tienen el mismo significado de perder consciencia: “Distraerse” (traerse fuera de sí o no traerse - ¡no traernos!), “matar el tiempo”, “pasar el rato”, “entretenerse” (“tenerse” con algo entre momentos de ser). Pensad ahora en esos momentos de felicidad, de alegría genuina en vuestras vidas. Y descubrid cuántos de ellos tienen que ver con “verterse fuera” y, en contraposición, cuántos con la inmensa plenitud de ser, de Ananda, tal como lo hablábamos en la reflexión anterior (1) ...
Por eso... divertirse por obligación es tan irreal (e imposible) como “relajarse con fuerza” o “concentrarse en dormir” o “pensar en dejar la mente en blanco” ¡Jajajaj! Esos momentos de felicidad no los produjisteis vosotros desde lo cognitivo: Vinieron a vosotros como resultado de un estado avanzado de consciencia de ser. Ese es el camino para estos días de verano.
A veces, para divertirnos, creamos un complicadísimo plan para hacer infinidad de cosas. Nos engañamos pensando que cuantas más cosas hagamos (más sitios visitados, más cosas distintas durante un día), más nos vamos a “divertir”. Efectivamente, nos vertemos fuera -y ese es un nivel muy básico de felicidad basado precisamente en la no- consciencia-, pero la intención con la que vivimos cada una de ellas corre el riesgo de ser escasa, poco profunda y poco consciente... y terminamos el día exhaustos y con una sorprendente e ingrata sensación de vacío. ¿Os suena? Bueno, os decís, al menos os quedan un millar de fotos que habéis tomado para enseñárselas a otros (con lo que termináis el pastel poniendo la base de vuestra felicidad en una energía exterior: vuestra felicidad solo es validada desde los ojos del otro. Hmmm - ¿en serio?)
Podemos evolucionar del “hacer” al “ser”. Una familia que visita 15 lugares un día puede ser mucho mas infeliz que otra familia que, en consciencia, da un simple paseo. Lo que nos hace plenos es la vivencia desde nuestra consciencia, no del número, no de lo que está de moda.
Regalad a los demás vuestra felicidad, no en forma de foto sino en forma de felicidad transformada en vosotros mismos. Vosotros, vuestro ser genuino, sois el regalo de verdad para los otros. Y para vosotros mismos.
Reflexiones del maestro